jueves, 7 de febrero de 2013

MONUMENTOS DESAPARECIDOS: La iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y San Ignacio de Loyola


La iglesia del Sagrado Corazón de Jesús fue uno de los mejores ejemplos de estilo neogótico que poseyó Valladolid. Inicialmente vinculada a la Asociación Católica, se estableció en la calle Ruiz Hernández hasta que a comienzos de la década de 1970 se derribó para construir el actual bodrio. Habría que preguntarse el por qué en este último siglo se han derribado tantas iglesias y monumentos (véase San Lorenzo, San Antonio Abad, los múltiples palacios y conventos, etc…), y quien se ha beneficiado de los solares en los que estaban ubicados.

El 19 de marzo de 1892, en la festividad de San José, se colocó la primera piedra de la futura iglesia. Sin embargo, si no fuera por los comentarios de González García-Valladolid y la prensa de la época, nada se hubiera sabido, hasta época reciente, acerca del autor de la misma. Al parecer se citó al arquitecto encargado de formar el proyecto y dirigir las obras, que fue Jerónimo Ortiz de Urbina.
El proceso fue lento y meticuloso, con la inspección directa del padre Francisco de Sales Colina y tan sólo se constató un parón en la ejecución del proyecto a la muerte de éste, ocurrida a mediados de diciembre de 1894. El septiembre del año siguiente se reanudaron las obras, ya bajo la protección de la Compañía de Jesús y una vez que los planos fueran revisados por el propio Ortiz de Urbina. A finales de enero de 1896, prácticamente se había finalizado la construcción de la iglesia, por lo que unos días después, el día 15 de febrero de 1896, el templo fue inaugurado por el arzobispo de Burgos, acompañado del padre Garnica, rector del colegio de San José. En esos momentos la prensa visitó las obras, destacando, por encima de todo, la grandiosidad de aquéllas. Es más, algunos vecinos de la zona instaron al Ayuntamiento a que abriese una calle que partiendo de la fachada de la nueva iglesia enfrentara ésta con la de la Enseñanza. El estilo de la nueva iglesia se definía como de “gótico puro”.

Según la memoria del proyecto, para levantar la iglesia se utilizó, fundamentalmente, el ladrillo. El uso de la piedra caliza se limitó, simplemente, al basamento, mientras que la artificial dominó, en parte, la fachada principal y la torre, protagonista absoluta, esta última, de la iglesia. La piedra artificial ya comenzaba a sustituir, en ocasiones, al mortero empleado en la construcción vallisoletana con más asiduidad a la hora de confeccionar los adornos y las molduras de los edificios. El resto de la fábrica se cubrió con ladrillo cara vista, como tantos otros edificios vallisoletanos.
La iglesia presentaba una planta basilical, completamente rectangular y de tres naves, siendo la central el doble de ancha y alta que las laterales. Las naves se hallaban sostenidas por 16 pares de columnas adosadas a delgadas pilastras y capiteles vegetales con desarrollados y compartidos arquitrabes de donde partían cada uno de los nervios con los que se formaban los tramos de bóveda de crucería cuatripartita que cerraban las naves. Asimismo eran 20 arcos los que separaban las diferentes naves. Las medidas de la nave central eran 70 m. de larga, por 10 de ancha, con una altura de 12 m. Por su parte, las laterales tenían 54 m. de largo, 2 de ancho y 6 de alto. En la nave central destacaban ocho grandes ventanas ojivales rasgadas con cristales de colores. Asimismo en el ábside había otras cuyas vidrieras representaban a la Sagrada Familia, a San Alonso Rodríguez y a San Francisco de Borja, procedentes de la fábrica Degrand de Burdeos.

El retablo mayor, los dos colaterales, y los confesionarios, eran todos de estética neogótica. El altar mayor fue obra de los hermanos vallisoletanos Darío, Ignacio y Victoriano Chicote, “acreditados escultores”, y estaba ocupado por las efigies del Sagrado Corazón, San José y la Purísima. Los colaterales fueron obra del tallista, también vallisoletano, Ignacio Robledo, habiendo en el del Evangelio una escultura de la Inmaculada Concepción, que se pensaba de Gregorio Fernández, prestada por el entonces Museo de Bellas Artes. En realidad esta escultura, que presidía la sillería del coro del Convento de San Francisco, es obra de Pedro de Sierra, y se encuentra actualmente expuesta en el Museo Nacional de Escultura, en la sala dedicada a escultura del siglo XVIII. En el otro retablo colateral se situaba una escultura de San Luis Gonzaga.

Según González García-Valladolid, en la nave del lado del evangelio había “una extensa y bonita capilla, brillantemente decorada, consagrada a San Ignacio de Loyola, cuya preciosa imagen en escultura, revestida con los ornamentos sagrados propios para celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, ocupa el trono del sencillo y lindo retablo de mármol de que consta, a cuyos lados se ven dos grandes cuadros, pinturas al óleo. El techo de esta Capilla es un precioso artesonado de zinc y dan acceso a ella dos esbeltos arcos ojivales”. La capilla se construyó donde, según la tradición, estuvo la habitación de San Ignacio de Loyola en el palacio de los Velázquez de Cuéllar, bendiciéndose el 23 de julio de 1896.
El coro se encontraba cerrado por una artística verja y recibía la luz por una ventana hecha a modo de linterna y situada frente al ábside del templo. En dicho coro se situaba un valioso órgano, realizado en 1907 por Aquilino Amezua, que en la actualidad se conserva, en muy mal estado en la nueva iglesia. Debajo del coro había dos pilas de mármol colocadas sobre elegantes pedestales.

Al exterior presentaba una gran fachada de tres pórticos: el del centro constituía una hermosa obra del estilo ojival en cuyo centro aparecía tallado el monograma de Jesús: los otros dos, más pequeños, daban entrada a las naves laterales. Sobre este pórtico se elevaba una elegante y esbelta torre de tres cuerpos: el primero formaba el pórtico, el segundo daba acceso al coro de la iglesia, y el tercero correspondía con el cuerpo de campanas, las cuales llevaban por nombre San Ignacio, San José y San Alfonso Rodríguez. El 1 de enero de 1900 se colocó en el rosetón del segundo cuerpo de la torre de esta iglesia un busto del Sagrado Corazón de Jesús, escultura realizada por Gabriel Osmundo Gómez. La prensa llegó a decir de esta torre-pórtico que “en su grande elevación dan un grandioso aspecto al nuevo templo”.

Exterior de la torre de la iglesia y del desaparecido palacio de los Velázquez de Cuéllar
Vista parcial de Valladolid. Al fondo de la Universidad se puede ver la iglesia. En la foto inferior detalle de la misma
Vista de la Universidad con la iglesia al fondo. En foto inferior detalle de la misma

La revitalización del uso de las torres-pórtico medievales fue muy frecuente durante gran parte del siglo XIX, sobre todo tras la organización de las Comissioners´ Churches en 1818. La imagen de la torre tendía más hacia el Eclecticismo imperante de la época que a un diseño esencialmente neogótico, pese a que algunos elementos puedan confundirlo con esto último, e incluso la prensa hablase de ella, como ya hemos visto, como de estilo “gótico puro”.
La iglesia poseía similitudes con la iglesia del convento de las Adoratrices de Barcelona (Martorell), San Vicente de Paul de Madrid (Juan Bautista Lázaro) y la capilla panteón del marqués de Comillas (Martorell).


BIBLIOGRAFÍA
  • DOMÍNGUEZ BURRIEZA, Francisco Javier: El Valladolid de los Ortiz de Urbina: arquitectura y urbanismo en Valladolid (1852-1936), Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 2010
  • GONZÁLEZ GARCÍA VALLADOLID, Casimiro: Valladolid, recuerdos y grandezas, tomo III, Grupo Pinciano, Valladolid, 1980
  • ORTEGA DEL RÍO, José Miguel: El siglo en que cambió la ciudad: Noticias artísticas de la prensa vallisoletana del siglo XIX, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 2000

2 comentarios:

  1. Desde el Blog Cofrades de Viveiro les recomendamos que voten el número 21. Un Nazareno tallado por Don Francisco Romero Zafra para la Ciudad de Viveiro.

    Pueden Ver más información en este enlace: http://cofradesviveiro.blogspot.com.es/2013/01/la-imagen-de-nuestro-padre-jesus.html

    Vídeo Promocional: http://www.youtube.com/watch?v=TBlnlDdHj0c

    Votaciones aquí: http://www.lahornacina.com/encuestaspremio2012III.htm

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  2. Mª Concepción López30 de abril de 2015, 1:29

    Realmente han sido tantas las barbaridades urbanísticas, ordenadas unas veces y consentidas otras por los distintos políticos que ha tenido esta ciudad, Valladolid, que sólo queda recordar lo que fueron aquellos hermosos templos, palacios y casonas que existieron en un tiempo no tan lejano y que ya no están.
    Yo vivía cerca de esta iglesia, llamada de los jesuítas y de siempre me pareció un templo hermoso y grandioso que instaba a la oración y al recogimiento. Debo decir , que el actual, no me inspira lo mismo y expreso aquí mi descontento al no poder hacer otra cosa. Me pasa parecido con otro templo, la iglesia de San Lorenzo, que ha quedado reducida a la nada tras su casi completa destrucción por los poderes del dinero y la especulación. Al menos yo, guardo el recuerdo de algo que tuve la suerte de conocer.

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